Núm I, Monterrey, Nuevo León. México ENERO – MARZO 2013

Los recursos hídricos en América Latina

Por: Dr. Jürgen Mahlknecht

Sin duda alguna, América Latina y el Caribe es una de las regiones más beneficiadas por los recursos hídricos. Por lo menos en el hecho de que cuenta con más del 30% del escurrimiento superficial mundial, da la sensación que a esta región le sobra agua. Pero esto contrasta con los indicadores que dan a entender que buena parte de la región sufre una escasez hídrica. Por tanto, este artículo enfoca su atención a esclarecer esta aparente contradicción y describir la situación del sector, enfocándonos en algunos temas de relevancia.

La región de América Latina y el Caribe es bendecida con recursos hídricos. La cuenca del Amazonas, de hecho, contribuye al 20% del agua superficial que constituye el suministro principal de agua dulce de nuestro planeta. Las cinco corrientes tales como Amazonas, Orinoco, Río Negro, Paraná y Madeira-Mamoré, todas ellas ubicadas en América del Sur, están consideradas entre los 10 ríos más importantes del mundo en relación a su caudal. América Latina también alberga algunos de los lagos más grandes del mundo: Maracaibo en Venezuela (aunque se le considera como un lago salobre), Titicaca entre Perú y Bolivia y el lago Nicaragua. Con un quinto de los recursos hídricos del planeta, Brasil, por sí mismo, cuenta con más agua dulce que cualquier otro país.

No obstante, dos terceras partes de la región están clasificadas como áridas o semiáridas. Estas áreas incluyen los grandes territorios del centro y norte de México, el noreste de Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Dentro de varios países, la variedad de climas es muy amplia. Por ejemplo, la precipitación anual de Colombia varia de 300 mm/año en la Península de la Guajira hasta 9.000 mm/año en la Región del Pacífico, y la precipitación anual de México va de menos de 50 mm/año en el desierto de Chihuahua y más de 3.000 mm/año en las selvas de Chiapas.

La amplia variedad de climas en la región genera una serie de regímenes hidrológicos heterogéneos. Como consecuencia, la distribución geográfica de los recursos hídricos y la asignación del agua son muy desiguales. De hecho, dos terceras partes de la población de Centroamérica viven en áreas que drenan en el Océano Pacífico, en donde fluye solamente el 30% de las aguas superficiales. El tercio restante vive en el lado del Caribe en donde se genera el 70% del agua superficial del Istmo.

Los países de América Latina y el Caribe han hecho esfuerzos importantes para mejorar la gestión y aumentar la cobertura de sus servicios de agua potable y saneamiento. Inclusive en algunos países la gestión del agua se ha elevado a un tema de seguridad nacional. A pesar de los innegables y significativos avances durante las últimas décadas, la situación del sector todavía representa una preocupación en la mayoría de estas naciones. Más allá del hecho que la oferta natural del agua a menudo, geográficamente, no coincide con el lugar de la demanda de agua, los problemas se deben en buena medida a otras causas: el crecimiento demográfico y la urbanización, la falta de infraestructura, y la reducida capacidad de instituciones para atender las demandas y los impactos de los eventos meteorológicos extremos.

Al inicio del siglo pasado, América Latina y el Caribe experimentó un crecimiento demográfico sin precedente en su historia. Es decir, la población aumentó de 167 millones en 1950 a 590 millones de habitantes en el 2010. De acuerdo con las estimaciones de las Naciones Unidas, la región alcanzará 723 millones de habitantes para el año 2030. Esto equivaldría a crear una nueva ciudad de 560.000 habitantes cada mes.

El crecimiento demográfico ha ido acompañado de una concentración notable en las áreas urbanas: en el año 1950 el 42% de la población vivió en ciudades, en el año 2000 el 75%, en el 2010 el 80% y la proyección para el año 2030 es 84%. Con esto, América Latina y el Caribe es hoy ya la región más urbanizada entre las que se consideran en desarrollo. Si bien se sabe y se puede documentar que la urbanización trae progreso social y desarrollo económico, también fomenta los asentamientos informales (slums o favelas), inequidad social y degradación ambiental. Uno de cuatro habitantes vive hoy en asentamientos informales sin acceso al servicio público de electricidad, transporte y agua. La inequidad social y económica es de las más altas del mundo. Otro dato es que hay más pobres en las áreas urbanas que en las áreas rurales, aunque proporcionalmente en las zonas rurales hay más pobreza.

La escasez del agua en la región no es solamente física sino también por la falta de inversión adecuada de infraestructura. En parte se debe a que el negocio del agua es más complejo que otros servicios como el de las telecomunicaciones, el transporte o energía. Atender la extracción de agua, la potabilización, la distribución, el drenaje, el reciclaje de agua servida, la calidad de agua en ríos y acuíferos, el control y la mitigación de inundaciones y sequías -entre otros temas- representa un desafío. Así también cumplir con la entrega puntual de este recurso en materia de calidad, cantidad, presión y continuidad adecuada a los consumidores domésticos, agrícolas e industriales.

La falta de inversión genera una mala calidad de servicio y falta de control de calidad del agua debido al suministro parcial o intermitente, las redes de distribución obsoletas, las bajas macro y micro mediciones, etc. Esto a su vez genera externalidades negativas, como un alto costo para el sistema de salud pública y una mayor vulnerabilidad a desastres naturales.

Aparentemente, los niveles de cobertura de los servicios de agua potable y drenaje son buenos en comparación con otras regiones en desarrollo. Aunque, el sector rural presenta indicadores de coberturas de servicio generalmente muy inferiores al sector urbano.

Una gran deuda, sin embargo, es el tratamiento del agua servida en donde se muestran rezagos importantes. Aunque en los últimos años se han logrado progresos innegables, las aguas residuales de más del 70% de la población son todavía descargadas sin tratamiento alguno. Aunado a esto, a menudo existe una diferencia entre la tasa de las capacidades instaladas para tratamiento de aguas residuales y la tasa real de tratamiento, ya que las plantas de tratamiento de aguas residuales muchas veces no funcionan adecuadamente por la falta de mantenimiento o mal diseño.

Finalmente, parte de la crisis del agua se debe a la falta de capacidades institucionales a cargo de la gestión, los servicios de agua y saneamiento y la coordinación entre las instituciones. En las dos décadas recientes, los países han experimentado un proceso de descentralización, es decir, la transferencia de funciones y responsabilidades de los gobiernos nacionales a subnacionales. Hoy día por lo general los municipios y en menor proporción provincias/Estados están a cargo de los servicios de agua potable y saneamiento, pero a menudo dependen de las transferencias financieras del gobierno central y por lo tanto no cuentan con una gestión física y financiera independiente y eficiente.


El Dr. Mahlknecht cuenta con numerosas publicaciones internacionales sobre tema de recursos hídricos e hidrogeología ambiental. Forma parte de diferentes comités de evaluación y es árbitro externo de varias revistas internacionales. Ha trabajado en proyectos de investigación aplicada fondeados por instituciones de investigación e industria. Ha co-elaborado y co-liderado la iniciativa de la creación del Centro del Agua para América Latina y el Caribe, una iniciativa conjunta de la Fundación FEMSA, el Tecnológico de Monterrey y el Banco Interamericano de Desarrollo. Actualmente concluye la edición del libro “Diagnóstico de los Recursos Hídricos en América Latina y el Caribe”