Núm III, Monterrey, Nuevo León. México JULIO - SEPTIEMBRE 2013

Agua y fenómenos extremos

Por: Dr. Aldo Iván Ramírez Orozco

Dr. Aldo Iván Ramírez Orozco

El sistema climático de nuestro planeta es muy complejo. Este involucra no solo a la atmósfera sino también a los cuerpos de agua y hielo tales como océanos, ríos, lagos, glaciares, etc., y la superficie terrestre. Estos componentes están interrelacionados e interactúan con la biósfera para determinar tanto el tiempo atmosférico (lo que está pasando) como el clima (las condiciones medias a largo plazo). Este sistema es muy variable y al registrarlo durante mucho tiempo nos damos cuenta que de cuando en cuando tenemos la presencia de eventos extraordinarios, muy alejados de las condiciones normales, a los cuales llamamos fenómenos extremos. Solo como ejemplo, recordemos que aquí en Monterrey se han vivido temperaturas hasta de 48°C, en abril de 1958 y 7.5° bajo cero en diciembre de 1983. Sin embargo, entre estos eventos, destacan los relacionados con el agua, elemento del cual depende en forma tan estrecha la vida.

En efecto, una de las manifestaciones más claras de la variabilidad del sistema climático es la ocurrencia de lluvias. Debido a esto es que existen periodos tanto de escasez como de abundancia. Es una forma en que la naturaleza preserva quizás el balance global natural. Es precisamente a las lluvias a las que nos referimos en esta columna, ya que juegan un rol muy importante en la disponibilidad de los recursos hídricos y en la posibilidad de generación de daños.

Las lluvias son la fuente de nuestra agua disponible. A través del escurrimiento superficial que generan, alimentan a los almacenamientos superficiales y por medio de la infiltración profunda recargan los acuíferos. Cuando las lluvias varían dentro de un rango normal, el sistema hídrico puede amortiguar sus impactos mediante la infraestructura y la capacidad de almacenamiento. Sin embargo, la existencia de lluvias muy por encima de lo normal (el lado máximo de los fenómenos extremos) está generalmente asociada con la generación de inundaciones. Por el contrario, lluvias menores que lo normal o su total ausencia por periodos largos (el lado mínimo de los extremos hidrológicos) se manifiesta como el fenómeno de sequía.

Tanto las sequías como las inundaciones nos recuerdan lo vulnerables que somos ante la naturaleza, aunque hay que enfatizar que los desastres que estos fenómenos producen dependen en gran medida de deficiencias en las acciones de previsión, mitigación y adaptación. Por ejemplo, solamente la incorporación de criterios hidrológicos en los planes de desarrollo urbano y la observancia de las condicionantes para ocupar márgenes de cauces y zonas inundables reduciría dramáticamente los daños por inundación. En el caso de las sequías, el mejoramiento en los pronósticos, pero sobre todo la toma de medidas de prevención, tales como la revisión y construcción de almacenamientos, la administración del recurso, la adaptación en las demandas y el establecimiento de mejores políticas de atención, reducirían dramáticamente los impactos asociados con este fenómeno.

Los fenómenos hidrometeorológicos extremos serán siempre motivo de estudio, de atención y de nuevas investigaciones, sobre todo en el contexto cambiante del clima.


El Dr. Aldo Iván Ramírez Orozco es ingeniero civil por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Maestro en Ingeniería Hidráulica y Doctor en Ingeniería por la UNAM. Entre los puestos que ha desempeñado se encuentran los de jefe de la oficina de proyectos y subjefe del departamento de ingeniería urbana de la Secretaría de Urbanismo del Estado de Michoacán y jefe del departamento de proyectos hidráulicos de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas del mismo estado. En el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua ocupó los puestos de Subcoordinador de Hidrología y Mecánica de Ríos, Coordinador de Tratamiento y Calidad del Agua y Especialista en Hidráulica.