Núm III, Monterrey, Nuevo León. México JULIO - SEPTIEMBRE 2013

Alcanzan madurez presas de México

Por: Alberto Barrientos

La mayor parte de las presas en México alcanzan varias décadas de haber sido construidas, incluso algunas hasta centenarias son.

Esta situación no implica que dejen de ser útiles sino que necesitan una mayor vigilancia por parte de las autoridades por el desgaste de los materiales que fueron utilizados para construir la cortina o sus compuertas.

De acuerdo con información de la Comisión Nacional de Agua, el periodo de auge de construcción de presas en México abarcó desde la década de los 40 hasta los 60 del siglo pasado, cuando se edificaron 92 de los 171 cuerpos acuíferos más importantes del País.

Posteriormente decae la construcción de presas al grado que en lo que va del presente siglo sólo se han construido tres, siendo dos de ellas dedicadas a la generación de electricidad.

Aldo Ramírez Orozco, especialista del Centro del Agua para América Latina y el Caribe, del Tec de Monterrey, refiere que la mayor parte de las presas del País comenzaron a construirse a mediados del siglo pasado, siendo dedicadas inicialmente para riego -respondiendo a las necesidades de la población de México- en esa etapa de la historia, y conforme crecieron las ciudades se incrementó la edificación de los cuerpos de agua para poder satisfacerlas.

En los años recientes, añade, la tendencia ha sido invertir en obras hidráulicas destinadas para la generación de energía eléctrica en México y en el mundo.

"Hay cada vez menos lugares aptos para construir presas, cada vez es más difícil encontrar la combinación donde en una región exista cierta disponibilidad de agua y que la geología sea adecuada", explica Ramírez Orozco.

Apunta que las presas se diseñan para tener una vida útil de unos 50 años, pero al llegar a esa edad no implica que se desechen sino que pueden seguir funcionando sin problemas.

"Hay presas en México de más de 100 años de antigüedad e incluso hay vestigios de una llamada El Purrón, en el Valle de Tehuacán, en Puebla, que data de alrededor del año 700 antes de Cristo con una técnica de tierra y piedra acomodadas que ya no funciona", resalta el experto.

El problema de las presas cuando llegan a cierto estado de madurez es que alcanzan una cantidad de azolve que en un momento dado las puede hacer inviables para su operación, pero dependiendo del control de estos materiales, pueden durar mucho más tiempo, reconoce Ramírez Orozco.

Lo importante es la revisión continua de la cortina de la presa, señala, por el desgaste que experimentan de los materiales utilizados en la construcción, básicamente concreto y acero.

"Si tienen compuertas, como la presa de La Boca, tienen problemas, sufren mucho con el tiempo".

Asimismo los ambientes en que fueron construidas las presas tienden a cambiar con el paso de los años, esto es, una obra erigida hace 100 años con una determinada cuenca o urbanización, ya no es la misma que en la actualidad, por lo que se tienen que hacer estudios para volver a rediseñarla y tomar la determinación de elevar la cortina.

"Si se fuera a hacer La Boquilla (construida en 1915 en Chihuahua) no se haría igual que hace 100 años porque se tienen 100 años más de información".

Los lagos también pueden ser considerados presas, como el de Chapala, con una capacidad de 8 mil millones de metros cúbicos, siempre que exista una obra para controlar su nivel de agua y no dejarlo a la naturaleza, agrega.

La presa más grande del País es la de La Angostura, en Chiapas, con una capacidad de 11 mil millones de metros cúbicos y la de Chicoasén, en esa misma entidad, tiene la cortina más alta, con 261 metros, y es la número nueve a nivel mundial, según la Comisión Internacional de Grandes Presas.

Las presas también tienen sus problemas sociales y ambientales, enfatiza Ramírez Orozco, por el efecto que tienen en el desplazamiento de la población y de inundación y compra de tierras para construir los grandes vasos.

También hay una cuestión en relación con la evaporación, porque las presas son muy ineficientes, donde en el lago de Chapala se pierde alrededor de 2 metros cúbicos por segundo, cantidad suficiente para una ciudad mediana, aunque sirve para humedecer a Guanajuato.

"Han habido algunos proyectos para tratar de reducir la evaporación, pero son muy costosos".

El especialista recuerda que intervino en un proyecto pequeño, buscando reducir la evaporación usando membranas sólo redujeron la transformación del agua en 9 por ciento, considerado inviable.

Los esfuerzos para tener un sistema interconectado de presas en México para lograr un determinado nivel en las presas en base al agua de otras, se reduce a Nayarit, Sinaloa y Sonora, donde funciona el Sistema Hidráulico Interconectado del Noroeste, y a nivel mundial en países como España, pero se necesita que los cuerpos estén a una determinada altura para hacer efectivo el trasvase, de otra forma se tendría que bombear a un alto costo, explica.