Núm VI, Monterrey, Nuevo León. México ABRIL - JULIO 2014


Inundaciones

Por: Dr. Aldo Iván Ramírez Orozco

Dr. Aldo Iván Ramírez Orozco. Profesor Investigador del Centro del Agua para América Latina y el Caribe

El origen de las inundaciones, tanto en el medio rural como en el urbano se asocia en principio con dos aspectos importantes: la existencia de eventos extraordinarios de lluvia y la falta de capacidad en los sistemas de desalojo del agua. En una cuenca natural o virgen el desalojo del agua se realiza a través del sistema de corrientes naturales, en cuyo caso el drenaje depende de la capacidad propia de los cauces en la cual la pendiente del terreno juega un rol muy importante. En este tipo de cuencas, la cubierta vegetal y el tipo de suelo son factores relevantes en reducir los flujos superficiales, a través de procesos de infiltración e intercepción. Las zonas más propensas a inundarse en estas cuencas son las regiones aledañas a los ríos y las denominadas planicies de inundación.

En el medio urbano, por otro lado, los patrones naturales de drenaje se modifican en buena medida, siendo las corrientes naturales sustituidas en el mejor de los casos por drenes superficiales y colectores. Ante la ausencia de estas obras, los escurrimientos se producen y conducen por las propias calles. La pendiente de canales, tuberías y vialidades continúa siendo un factor importante al estar directamente asociado con la capacidad hidráulica. En las ciudades, el elemento más significativo es sin duda la corriente o río que representa el drenaje principal del sistema. En muchas ocasiones, es este cauce el que está asociado con problemas de inundación por desborde, erosión o daño a estructuras de cruce.

En general, las inundaciones son un fenómeno recursivo con una gran componente natural. Tienen incluso beneficios, sobre todo en la zona rural, y solo se convierte en desastres cuando existen obras y asentamientos que resultan dañados por su ocurrencia.

En las márgenes de los ríos y las zonas bajas o con muy poca pendiente, especialmente aquellas ubicadas en regiones de alta pluviosidad, la amenaza de una inundación estará siempre presente, con mayor o menor probabilidad. Esto constituye el peligro. Otro concepto importante en el contexto de las inundaciones es el de vulnerabilidad. Esta se refiere al grado de pérdidas como resultado de la ocurrencia del fenómeno. Es decir, la vulnerabilidad es entendida como la “debilidad” ante la amenaza o el peligro. Un concepto que usualmente integra estos dos es el de riesgo. Por ejemplo cuando el peligro es muy bajo, no importa si la vulnerabilidad es baja o alta, el riesgo será bajo. Si la vulnerabilidad es de por sí baja, el riesgo será bajo. Sin embargo, si un determinado asentamiento humano se desarrolla en una zona con vulnerabilidad alta (como una margen de un gran río o una llanura de inundación) y se localiza en una zona de gran amenaza o peligro (como la planicie de Tabasco o la costa de Chiapas), el riesgo será muy alto. Es en ese sentido en el que hay que ver a las inundaciones. La principal medida de control es el desarrollo y cumplimiento de los planes de desarrollo urbano y ordenamiento territorial. No hay mejor defensa para las inundaciones que el hecho de ubicar a los asentamientos humanos fuera de las zonas inundables. En cuanto a las estructura de cruce como puentes y alcantarillas, un buen diseño hidrológico e hidráulico minimizará los daños.

Así, vale la pena enfatizar en que la inclusión de criterios hidrológicos en el desarrollo urbano se tornará en la clave para reducir los impactos negativos de las inundaciones. Consideración de medidas de control en la fuente, como los denominados Sistemas Sostenibles de Drenaje Urbano serán cada vez más apreciadas desde el punto de vista hidrológico. La conservación de la capacidad de los cauces es un desafío, sobre todo ante el problema legal que significa el revocamiento de posibles concesiones de uso del propio cauce y la zona federal y el latente peligro de los asentamientos irregulares. La conservación de las cuencas altas deberá también ser una de las actividades relevantes pues en la medida que se mejore la cubierta vegetal, una menor fracción de la lluvia se convierte en escurrimiento, además de favorecer la recarga de los acuíferos y la retención de sedimentos con la asociada reducción en la pérdida de suelo.

De llevarse a cabo estas acciones, integradas dentro de un plan de gestión de inundaciones, los posibles impactos de estos fenómenos, sobre todo en el contexto del cambio climático, si bien no completamente evitados, serán sin duda reducidos en forma significativa.